Historia de las epidemias en Córdoba
Por Carlos Vergara Sz.*
A los cordobeses no les son ajenas las epidemias. Así está registrado en sus 400 años de historia.
Córdoba y su región, inmersos en la tierra caliente, es caldo de cultivo para enfermedades tropicales como el vómito, la fiebre amarilla, la viruela, el dengue y otras epidemias mortales.
El Archivo Histórico Municipal de Córdoba guarda en sus documentos y libros la historia de esas epidemias.
Hubo épocas en que duraban años enteros y no faltó aquella que diezmó a la mitad de la población.
La primera epidemia de magnitud considerable ocurrió 112 años después de la fundación de la villa, en 1730.
En aquella ocasión, la viruela atacó a los cordobeses y a sus vecinos de Orizaba, dejando una considerable cantidad de muertos, epidemia digna de ser anotada en los registros históricos.
Siete años antes, en 1723, los monjes de la Orden de los hipólitos habían fundado el primer hospital, dedicado especialmente para pobres, donde se alojaban a los enfermos, incluyendo a pacientes de las epidemias.
Mucho antes, en 1699 había llegado el primer médico de oficio a la villa.
Dos años después, en 1732, la Villa volvió a sufrir otra epidemia, de acuerdo con las crónicas de la época.
En esa ocasión la fiebre amarilla acabó con la vida de la mitad de la población.
En 1756 se inició la construcción del hospital exclusivo para mujeres, como se acostumbraba en la época colonial.
Casi para finalizar el siglo, en el año 1795, más 600 habitantes fallecieron a consecuencia de otra epidemia de fiebre amarilla.
Sin embargo, ésta se alargó hasta el año de 1803 matando a muchas más personas.
En 1833 una epidemia de cólera asiática acabó con la vida de 208 personas.
La fiebre amarilla, la viruela, el cólera azotaban de continúo a la población.
Esto obligó a las autoridades en 1835 a la construcción del lazareto municipal a las afueras de la ciudad, ex profeso para albergar a los pacientes de enfermedades epidémicas.
Poco tiempo después, durante casi todo 1840, la región fue víctima de una nueva epidemia. En esta ocasión de viruelas.
Nueve años después, en 1849, otra epidemia de cólera causó la muerte de 181 personas.
No pasó mucho tiempo para que otra epidemia, esta vez de fiebre amarilla asolara Córdoba, la cual inició en 1865 y se extendió hasta el final del año siguiente.
Para acabarla de amolar, el 1 de enero de 1866, un terrible terremoto azotó la ciudad, destruyendo muchos edificios (la torre de la hoy Catedral se cayó), y dejando otros tantos muertos.
Hacia las postrimerías del siglo XIX las infecciones de carácter colectivo fueron espaciándose cada vez más por la introducción del agua potable desde Chocamán.
En 1892 la fiebre amarilla se abatió nuevamente sobre Córdoba.

La enorme cantidad de enfermos y la desaparición de los sanatorios atendidos por religiosos y religiosas, obligó a que en 1896 se construyera a las afueras de la ciudad, como se acostumbraba entonces, el Hospital para hombres y mujeres Teodoro A. Dehesa, en la manzana de la avenida 3 y calle 13. Antecedente del hoy conocido como Hospital Yanga u Hospital General de Córdoba.
El hospital tuvo por nombre original el nombre del gobernador de la época Teodoro A. Dehesa.
En 1903, la fiebre amarilla volvió a atacar. De esta epidemia tenemos una crónica de un norteamericano, quien vivió durante algún tiempo en Córdoba empleándose en la construcción del ferrocarril de El Huatusquito.
Describió algunos aspectos, como los funerales de la época, la salubridad de la ciudad, cómo sobrellevó la enfermedad, y la calidad del agua potable, la cual pensaba era la causante de la epidemia.
Ignoraba que la fiebre amarilla la causa el mosco del género Aedes, el mismo que causa el dengue, el zika y la Chikungunya.
La introducción de un sistema mejorado de agua potable y alcantarillado alrededor de 1910 mejoró notablemente la higiene de la ciudad y las epidemias cada vez escasearon más.
Todavía en 1957 una epidemia de gripe atacó Córdoba.
*Veracruzano – Universitario – Periodista – Agente cultural.
Tomado del blog www.carlosvergarasz.wordpress.com/ y publicado originalmente en revista Magazine Veracruzano (mayo 2020).
